Traducción de Francisco León

Luciano Erba (Milán,1922-2010) es considerado uno de los poetas italianos más importantes de la segunda mitad del siglo xx. Además de poeta, Erba desarrolló una gran labor como crítico literario y traductor. A principios de la década de 1950, la crítica de su país lo insertó en la llamada Quarta generazione della Linea Lombarda, cuyos miembros (Bartolo Cattafi, Giorgio Orelli, Nelo Risi, entre otros, además del propio Erba) abogan, en general, por un proceso de redefinición crítica de la poesía hermética italiana.

Lontananza de mi madre

Aún te me apareces en los últimos sueños

se inicia para ti el día

con otro cielo.

En el tren de las vacaciones

busco tu rostro

y nuestras estaturas,

nuestro joven aliento,

otros alerces.

Me repito,

para encontrar tu voz de ahora,

algunos nombres de lugares

que pronunciaba indicándolos al otro lado del valle.

Amarte es esto, y llorar.

Es cuanto sé. La pena

es cierta,

es remordimiento.

La Gran Jeanne

La Gran Jeanne no hacía distinciones

entre ingleses y franceses

a condición de que hicieran con las manos

lo que ella dijera,

habitaba los puertos, y su hermano

en el 43

trabajaba conmigo.

Cuando me vio en Lausana

donde vivía en traje de verano

le dije que podía salvarla y que su mundo

estaba allí, en mis manos,

en mis dientes que habían comido liebre en altas montañas.

En el fondo

habría deseado que la Gran Jeanne

se hubiera convertido en una noble dama,

pero tenía ya un sombrero

azul, ancho, con tres vueltos de tul.

Recordando a Vittorio Bodini y Apulia

Transcurrida la larga siesta de diciembre,

despertarse en un pueblo del sur

de estrechas calles, cuesta arriba y cuesta abajo.

Salen olores de comidas ahumadas,

bajan los niños después de la escuela,

hay una estrella en el cielo de invierno,

Bodini dice: ¡Ya es Navidad!

Ecuación de primer grado

Mercedes, tu camiseta nueva

de algodón mercerizado

tiene ese aire de grandes almacenes

donde nos equipan con blancos,

amplísimos sombreros para el mar

¡ansiada provisión de sombra, para aguardar

en andenes floridos de petunias

a padres trajeados de blanco, para amar

en las vías del tren las flores destrozadas

dulcemente entre viejas mercancías!

Y mañana, Mercedes, deshojar

las páginas del tiempo perdido entre merengues

y helados en la Biffi Scala.

Este es el tiempo del haiku

Este es el tiempo del haiku, dice el maestro,

el resto todo sunt lacrimae rerum

cuenta un rayo de luna sobre el cañaveral,

dejad que se pierdan Sacchi y Di Pietro.

Fin de las vacaciones

Fui uno de quienes levantó la piedra

hundida en la hierba bajo el malva

descubriendo un mundo de raíces blancas

de ciudad color verde guisante;

pero al irse las últimas muchachas

aún ayer altivas en sus bicicletas

ocultas en los grandes ramajes de septiembre

junto a las barras del paso a nivel

me siento igual que aquella piedra.

También las nubes pasan bajas por las canchas de tenis

y el nombre del hotel escrito en la pared

en negras, grandes letras, está empapado todo por la lluvia.

Sin brújula

Según Darwin ya habríamos debido ser eliminados,

según Malthus ni siquiera haber nacido,

para Lombroso, acabará mal de todas formas,

y no diré nada de Marx, yo, pequeño burgués

escapar, así pues, escapar

hacia atrás hacia un lado hacia delante

(lo mismo a los cuarenta que en el resto) pero

queda la personal perplejidad,

¿estoy al este de mi herida

o en el sur de mi muerte?

Sin respuesta

Noviembre te ha traído. ¿Cuántos meses

del año durará el agridulce

asunto de dos voces, dos miradas?

Si tuviera una historia completamente escrita

diría que este tiempo que nos toca

nos ha pertenecido siempre. Pero no soy

más que un hombre entre miles y miles,

pero no eres

sino una mujer traída por noviembre,

y un mes da y el siguiente saquea.

Eres una mujer

que ahora tiene un náufrago impaciente,

dime

¿eres roca

o continente?

Cuando pienso en mi madre

Nada escribí de ti cuando te fuiste

y poco escribí después, un largo después.

Regresas en los sueños cada noche

o a veces por el aire de calle B., de día,

después de haber nevado y respirado bien;

o en una luz vespertina de persianas cerradas

o un crujir de periódicos de gran formato;

o en cualquier nombre de lugar que se me atraganta.

¿Es todo? Se me dice que no acepto la muerte.

Es cierto: no miro en tus gavetas, ni releo

tus cartas. ¿Qué soy,

nada más que una piedra,

un heartless Giovannino?

¿Cuánto tiempo me queda aún para aprender

a sonreír y amar como tú?

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