nº1, enero de 2013
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Dos poemas
de Cuaderno portugués -
El asunto del poema
(Entrevista con W.G. Sebald) -
Dos poemas
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Manchas: malezas
(Fragmentos de diario, 2005) -
Dos poemas
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Juan Goytisolo
o el ardor de la palabra -
Telar de nadie
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Este mundo
y más
Cuando a finales de 2005, la revista Piedra y Cielo (después de cuatro números editados en formato de libro desde mediados de 2004) se vio obligada a interrumpir su aventura literaria de convergencia y de participación (pues mucho antes habíamos llegado a la conclusión de que, como pensaba Paul Celan de la poesía, nuestra revista había sido un amistoso apretón de manos), nos consolaba la idea de que, al menos, íbamos a dejar en la escena cultural más próxima un ejemplo crítico y útil, por así decir, a partir del cual sería posible, para otros, crear espacios literarios similares y corrientes críticas igualmente generosas.
Han pasado ya siete años desde que Piedra y Cielo desapareció (por estrictas razones económicas) y lo que hallamos al cabo es un panorama literario casi tribal y desarticulado. A pesar de todo (o tal vez por ello), Piedra y Cielo reaparece hoy, otra vez desde las Islas Canarias, con vocación virtual, es decir, global. Corren tiempos en que los lenguajes de la poesía (lenguajes que, según su naturaleza, rechazan toda forma de dominio, formalización y, precisamente, de globalización) han abrazado los espacios digitales de la Red como una lógica estrategia de supervivencia. La aparente contradicción queda disuelta si se tiene en cuenta que, aun dentro de esta gran red, los lenguajes de la poesía establecen (y precisan) cápsulas de reflexión que los mantengan en aquel «afuera» blanchotiano ideal, es decir, al margen de la premura irreflexiva y el hedonismo volátil que tan a menudo imperan en la inter-red misma y sus herramientas.
Sin duda, la aventura de construir una revista literaria nunca ha dejado de ser tarea compleja y atractiva, más aún en estos precisos tiempos, en los que la flexibilidad y las ventajas que ofrecen las redes de telecomunicaciones digitales resultan incluso abrumadoras. Precisamente, al mismo tiempo que amplía su campo de supervivencia gracias a la gran red, la poesía debe sobrevivir a la Red misma, creando para ello sus propios refugios críticos. Tal vez no sea otro el deseo de Piedra y Cielo en este instante, en este día eterno.