nº12, octubre de 2015
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Suma Solar
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Aforismos
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Cabras negras
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Cerrar los ojos
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Literatura Canaria Actual
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Sleeping On Her Couch
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EL DIOS SURGE EN LO OSCURO
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Fotos
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Biografía de lo cotidiano. Una aproximación a la narrativa de Ezequiel Pérez Plasencia
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Dos poemas
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Una oficina junto al mar: la escritura de Domingo Rivero
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Isla-Bosque
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En los lugares de la transparencia
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Poemas
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Finales del fin
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Teno, o el juego de la locura
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Poesía canaria actual: una recomendación de lectura
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Para un mundo habitable
Adiós a las armas
Piedra y Cielo se despide aquí de sus lectores. La aventura digital que arrancó en enero de 2013 ha llegado ―tres años después, doce números después― a su delta natural. Y no termina aquí nuestro recorrido por meros apuros económicos , como sucedió antes con nuestra edición en papel, ni por efecto de la desolación en que se haya sumido el panorama literario que en lo local nos ha tocado vivir, ni por problemas técnicos (técnicos mucho menos, pues hemos contado para superarlos con la ayuda inestimable de nuestro maestro impresor en los tiempos digitales, el mejor maestro impresor posible, Ismael García, a quien todos los componentes del comité de dirección queremos hoy agradecer su constante buen criterio).
Piedra y Cielo llega a su fin porque quienes la han hecho posible hemos alcanzado, hace tiempo ―¿afortunada, desafortunadamente?― la mayoría de edad en cuestiones de revistas. Todos, de una u otra forma, hemos estado ligados a revistas de poesía como Paradiso, Vulcane o Can Mayor. Pero las revistas de la estirpe a la que ha anhelado pertenecer Piedra y Cielo, es decir, las revistas que se sueñan, las revistas soñadas, son obra de la juventud. Jorge Luis Borges afirmaba, y con toda razón, que las revistas de poesía surgen del ímpetu de unos jóvenes que aman u odian algo. Piedra y Cielo, en cuyo ánimo no había sitio para la rebusca del odio, ha demostrado en este tiempo, una y otra vez, su amor por la poesía. Por la poesía sobre todas las cosas. Ha amado con la cordialidad que su imaginación le ha permitido, y estamos seguros de que tal dilección ha sido la linfa de su pervivencia en un espacio social que, pese a las potencias de las telecomunicaciones globales que lo definen, no termina de concretar un verdadero lugar de convergencia y diálogo para la poesía. Porque la poesía es un modo de pensar no en términos globales, como parece afirmar a cada paso el signo de los tiempos, sino corales. La poesía es y precisa el diálogo activo, la presencia de la voz hablando al ser. ¿Qué será de ella en un océano de información abismal en el que, como ya se ha dicho, el diálogo humano, el reino de la voz en el ser, tiende a transmutarse en un simulacro de gran conversación permanente y lamentablemente desustanciadora?
No han faltado en Piedra y Cielo, por tanto, las apetencias de la razón y las apetencias de la imaginación. Pero llega un tiempo en que han de ser las nuevas generaciones, los jóvenes escritores de las promociones actuales, donde quiera que estén, quienes definan y ordenen su propio espacio de germinación, el espacio en el que desean crecer para trascenderse a sí mismos. Nosotros ―así lo creemos―, con este proyecto que hoy termina, y con otros anteriores, hemos conquistado al menos una parte de nuestro destino, y no nos parece poca conquista, por cierto.
Es justo, pues, que una vez alcanzado ese estadio en el que se aúnan la edad, los conocimientos y los sueños ganados, demos las gracias a todos aquellos que colaboraron con nosotros con un desinterés que superaba siempre nuestras expectativas; pero sin duda es más justo aún que, en esta hora, nos apartemos confiados y dejemos en manos de los jóvenes que aman u odian algo la creación de su propio nacimiento. A ellos, con toda sinceridad, salud y suerte.
F. L.