Marta Agudo Ramírez (Madrid, 1971) es doctora en Filología Hispánica. Ha publicado los libros de poemas Fragmento (Celya, 2004) y 28010 (Calambur, 2011), ha coeditado la antología Campo abierto. Antología del poema en prosa en España (1990-2005) (DVD, 2005) y ha coordinado con Jordi Doce el volumen Pájaros raíces. En torno a José Ángel Valente (Abada, 2010). En 2012 fue la responsable de la edición póstuma de la novela El final de una pasión (Bartleby, 2012), de Ana María Navales. Ese mismo año publicó en el libro Valente vital un estudio sobre la estancia del poeta en Madrid. En 2014 vio la luz su traducción Todo es ahora y nada (Trea) del poeta catalán Joan Vinyoli. Su obra ha sido incluida en las antologías: Poesía Pasión (ed. de Eduardo Moga), Palabras sobre palabras. 13 poetas jóvenes de España (ed. de Julio Espinosa) y 12 + 1. Una antología de poetas madrileñ@s actuales (ed. de Alberto Infante). 

(1)

«Ahora sólo queda esperar» diría el cartel que abre la puerta a los enfermos terminales.
«Terminales» o «casi postreros», palabras suficientes para ese único estado.
La gran habitación, magnánimo espacio inmóvil, explora en las vías del suero un camino ascendente.
Dicen que al morir, con la sanción del instinto, miramos hacia arriba procurando imaginar unos segundos más.
Unos segundos más o la matemática imposible de los números primos; unos segundos más o la irrefutable santísima trinidad de lo sólido, lo líquido y lo gaseoso; unos segundos más o ensayar el cadáver que dejaremos.
«Tú también vas a morir», nos decía el profesor de cuarto de E.G.B. mientras pasaba lista. «Y tú, Fernández» y así hasta los cuarenta alumnos que había hace años por aula.
Territorio comanche. En los hospitales aúllan los pronósticos o calendarios. Reloj invertido, agenda con cuántas páginas rotas.
“Ahora sólo queda esperar” en esta apoteosis somnolienta.
… Ahora u homenaje titánico para nadie…  

(2)

El frío del postoperatorio anuncia el tiempo de los enjambres, el renacer contra todo pronóstico. Sólo de esta manera se entiende que una generación contenga a otra, haga de la edad suma de círculos o enfática cadena de genes. Así, y ante la efigie de la diosa ciencia, se preguntó por las tesis de Darwin, el visionario. ¿Comprobadas empíricamente?… Y como en un juego de rol comienza a imaginar el trazado de su idea. ¿Cuándo se juzga que aparece una nueva especie? ¿Del “homo habilis” al “homo erectus” todos a la vez y de manera definitiva? ¿Descubrimiento simultáneo del fuego? ¿Mera adaptación al entorno, miedo a sentirse distinto? La duda razonable o la travesía de la prehistoria. La continuidad del arabesco, la fragmentación integrada en una lenta suma de síes. Fue el origen o el poema de un manual perdido. …Y no puede evitar sonreír cuando imagina a los hombres del futuro burlándose de esta teoría…. ¿De un mono? ¿Bajando de los árboles? No sirve el creacionismo pero tampoco el efecto mariposa desde la primera gota de agua. Se restregó los ojos para ir aliviando la anestesia y el celador amansó con su voz ese helado amanecer…

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