NI ESTO NI AQUELLO

Hoy he olido el espíritu.

No es el olor a vela humeante en un templo

ni es fácil percibirlo en cualquier sitio:

viene desde más alto

y se expande hasta el fondo de todo lo que vive.

Se hace rosa en la rosa, y huele como rosa

más allá de las rosas

que nacen y que mueren cada día.

Se hace canto en el pájaro, y seguirá cantando

mejor que cualquier pájaro que oímos.

Se hace sangre en el hombre, y cuando el hombre muere

se derrama en la tierra

hasta el día en que el hombre resucite.

El olor del espíritu se encuentra y se contagia:

llena toda la casa de un apetito inmenso

que no basta una vida ni una Historia completa

para poder saciarlo.

Se huele en este mundo,

pero no basta un mundo ni mil mundos

para hallar un aroma que pueda comparársele.

Viene desde tan alto,

que sólo él mismo puede

llevarnos a su origen.

LLEGAR

Hemos llegado a hoy: ya el mar no es sólo

la porción de este mundo

que habrá de conducirnos a otras tierras.

Mira el mar cómo brilla, cómo pide

nuestra mirada entera. Tú no puedes

hacer hoy las maletas de otro viaje.

Tú no puedes pensar qué comeremos

de aquí a un mes, de aquí a un año,

de aquí a siempre.

Cuando ya hemos ganado

el pan que nos mantiene, el pan que sabe

a nuestro fuego, a nuestro mantel limpio;

cuando hemos levantado nuestra casa

sobre la roca de un amor tan firme,

cuando ya está caliente nuestro lecho,

¿a qué viene esta prisa por marcharnos?,

¿qué mar hay que surcar, que nuevo día

para no estar jamás en nuestro sitio?

Hemos llegado a hoy: el mar ya es sólo

el paisaje total de nuestra vida.

Hemos llegado a hoy.

Hemos llegado más allá del tiempo.

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