(Traducción de Margarita Fernández de Sevilla y del Taller de traducción de la Universidad de La Laguna)
Robert Southwell (1561-1595), poeta, jesuita, misionero y mártir, escribió buena parte de su obra en la cárcel, a la que fue condenado con acusación de traición y tras participar de manera clandestina en el intento de restablecer el catolicismo en Inglaterra. Hay testimonios de su trato con Shakespeare, en cuya comedia El mercader de Venecia ejerció cierto influjo. Se afirma que Shakespeare pudo estar entre la multitud que asistió a la bárbara ejecución de Southwell en 1595. El presente poema forma parte de la antología de poetas metafísicos ingleses que el Taller de Traducción Literaria de la Universidad de La Laguna viene preparando desde 2010. (Traducción revisada el 30 de octubre y el 6 de noviembre de 2012.)
New Heaven,
New Warre
Come to your heaven, you heavenly quires!
Earth hath the heaven of your desires;
Remove your dwelling to your God,
A stall is now His best abode;
Sith men their homage do deny,
Come, angels, all their faults supply.
His chilling cold doth heat require,
Come, seraphim, in lieu of fire;
This little ark no cover hath,
Let cherubs’ wings his body swathe;
Come, Raphael, this babe must eat,
Provide our little Toby meat.
Let Gabriel be now His groom,
That first took up His earthly room;
Let Michael stand in His defence,
Whom love hath link’d to feeble sense;
Let graces rock when He doth cry,
And angels sing this lullaby.
The same you saw in heavenly seat,
Is He that now sucks Mary’s teat;
Agnize your King a mortal wight,
His borrow’d weed lets not your sight;
Come, kiss the manger where He lies;
That is your bliss above the skies.
This little babe so few days old,
Is come to rifle Satan’s fold;
All hell doth at His presence quake,
Though He Himself for cold do shake;
For in this weak unarmèd wise
The gates of hell He will surprise.
With tears He fights and wins the field,
His naked breast stands for a shield,
His battering shot are babish cries,
His arrows, looks of weeping eyes,
His martial ensigns, cold and need,
And feeble flesh His warrior’s steed.
His camp is pitchèd in a stall,
His bulwark but a broken wall,
The crib His trench, hay-stalks His stakes,
Of shepherds He His muster makes;
And thus, as sure His foe to wound,
The angels’ trumps alarum sound.
My soul, with Christ join thou in fight;
Stick to the tents that He hath pight;
Within His crib is surest ward,
This little babe will be thy guard;
If thou wilt foil thy foes with joy,
Then flit not from this heavenly boy.
Nuevo cielo,
nueva guerra
¡Venid a vuestro cielo, oh coros célicos!
La Tierra tiene el cielo que anheláis.
Venid a la morada actual de Dios:
Un pesebre es ahora Su aposento.
Pues los hombres le niegan su homenaje,
Ángeles, acudid, remediad esas faltas.
Necesita calor Su frío pavoroso:
Dádselo, serafines, como fuego.
Esta arquilla no tiene cobertor,
Con sus alas Lo envuelvan los querubes.
Ven, Rafael, que ha de comer el niño:
Al pequeño Tobías dale carne.
Que sea Su criado el arcángel Gabriel,
De quien antes tomó su lugar en la tierra.
Que salga San Miguel en la defensa
De quien juntó al amor la razón frágil.
Que las gracias Lo mezan cuando llore
Y los ángeles canten esta nana.
Aquel al que veíais en Su sitial celeste
Mama ahora del pecho de María.
Mirad a vuestro rey en mortal criatura:
Que Sus ropas prestadas no os engañen.
Venid adonde yace y besad el pesebre.
Esa es vuestra ventura allá en los cielos.
Este niño de apenas unos días
Ha venido a extinguir las huestes de Satán.
Todo el infierno tiembla en Su presencia,
Aunque de frío se estremezca Él mismo.
Porque de esta manera inerme y débil
Asaltará las puertas del infierno.
Lucha y gana batallas con Sus lágrimas,
Su pecho descubierto es un escudo,
Sus cañonazos son llantos de niño,
Sus flechas las miradas lacrimosas,
Sus enseñas marciales, el frío y la pobreza,
Y su carne tan flaca el caballo guerrero.
Su campamento puso en un establo,
Su bastión es tan sólo un muro roto,
Su trinchera la cuna, el heno Su alambrada,
Y Sus filas las forma con pastores.
Seguras de hacer daño así al maligno
Van llamando a las armas las trompetas angélicas.
Mi alma, con Cristo, se una en vuestra lucha.
Quedaos con las tiendas que Él ha alzado.
En Su cuna está el sitio más seguro:
Vuestra guarda será este niño chico.
Si deseáis con gozo batir al enemigo,
No prescindáis de este celeste infante.