(Selección de Alejandro Rodríguez-Refojo)

En 2003 la editorial canaria Idea me encargó una antología de la obra poética de Arturo Maccanti que no llegó a ver la luz. Esta selección de poemas y el texto introductorio reproducido arriba con el título de «El tempo íntimo de la poesía de Arturo Maccanti») tienen su origen en aquel trabajo inédito. La introducción no contiene modificaciones sustanciales, pero la antología hecha entonces sí ha visto modificada su extensión para ajustarse a los intereses editoriales de la revista Piedra y Cielo. Para la transcripción de los poemas seleccionados he tomado como referencia la edición de la obra poética de Arturo Maccanti: Vivir sobre la vida: (poesía reunida) (2010).

A.R.-R.

PÓVERO GINO

[Bjëlo Pölje, Montenegro, 1941.
Marti, Italia, 1964].

Para Berta y Eugenio Padorno

Póvero Gino, al fin,

has cruzado el Adriático y has vuelto

a nuestra pobre tierra…

Muchos años se fueron,

muchos años se han ido

en súplicas y lágrimas,

pero ni el desaliento

ni el olvido pudieron

acallar el inmenso deseo de traerte

junto a tantas reliquias veneradas,

cenizas de mi raza bajo la paz del viento.

Ahora duerme tu sueño

largamente, hasta el fondo

de la muerte infinita.

(De En el tiempo que falta de aquí al día)

ESTE VACÍO
QUE YACE JUNTO A MÍ

¿No es el recuerdo
la impotencia del deseo?
L. CERNUDA

Tu cuerpo como un fruto,

quién me lo diera en esta

noche de otoño

en que la soledad llega a su límite

quemándome la vida…

Nunca toqué esa luz que da tu cuerpo,

y acaso así mejor ha sido,

porque el recuerdo de su gozo ilimitado

no tengo y es tan sólo el deseo

el que me asfixia en estas horas.

Mas, si no alcancé tu cuerpo,

¿puedo decir, de verdad, que he ganado

algo en la vida?

Lo que gané y perdí queda en el fiel,

sin gloria ni derrota,

neutro entre lo posible y lo imposible,

como un tesoro de dolencias

que legaré, después de mí, a la nada,

a este vacío que yace

junto a mí, sin tu cuerpo

rodante por el mundo,

mientras la sombra va venciéndome

con un puñal de sombra de sí misma,

hundida en esta carne que aún desea,

aunque no te recuerda

por no haberte alcanzado.

No otra libertad quisiera hoy

que navegar tu cuerpo y serle siervo

desde la luz vencida de la noche,

con sus trémulas músicas,

hasta el amanecer, ese terco peligro…

(De De una fiesta oscura)

PASTO DE UN FUEGO

Nadie vuelva a cantar la belleza de Italia,

oh Percy Bysshe Shelley.

Posa per sempre. Assai palpitasti.

El mar que hasta nosotros te devuelve

no perdona a los hombres,

aunque te llore Roma sobre el halda de Atenas,

y de las viejas islas esparcidas

en este mar doméstico se alcen

aves mediterráneas piando tristemente.

Olvida, olvida.

No esperaremos más a que lleguen los príncipes.

Alrededor del túmulo está el pueblo

puntual y silencioso,

y en la bóveda clara de la mañana el viento

venido de muy lejos barre limpios celajes

de este pesado agosto de Viareggio.

Olvida.

Patria ciega de nieblas,

Inglaterra demora tus laureles.

(«¿No aprenden a nadar los alumnos de Eton?»,

murmuró, continuando su partida de cricket.)

Olvida, Percy, olvida.

Ya estás cumplido para la gran sombra

de rosas inhallables.

Arropado

en el caliente aire de Toscana,

tu derramado corazón se entrega

a un oficio secreto.

Sobre la arena todo se consuma,

y tú, pobre despojo mordido por los peces,

ya eres pasto de un fuego.

Amaro e noia la vita, altro mai nulla.

Ardes ya frente al mar, bajo el cielo italiano,

águila derribada, cerca de un bosque umbrío,

de eucaliptos y pinos.

Olvida.

Sueña así para siempre.

Peri l’inganno estremo, oh Percy Bysshe Shelley…

(De De una fiesta oscura)

DE SERES QUE VIVIERON
EN UN TIEMPO FLORIDO

Ha llamado esta noche inmensa el viento

en los naranjos de la huerta, al claro

de la luna helada, rota entre

las cañas amarillas.

El viento,

una vez más, fantasma asiduo

de mis miedos nocturnos, puso un grito

de presagios: la ronda de lamentos

de seres que vivieron en un tiempo florido

en esta casa donde yo desgrano

las horas lentas aguardando la luz.

Desde el fondo sombrío

de la arboleda, la espiral de viento

azota la hierba alucinada y viene

avanzando despacio hacia la casa.

Tiempo de soledad y tiempo de memoria,

sueña la mente su país, proyecta

el plano futuro de la vida.

Así,

desde la garganta oscurísima

del aire que aúlla en el recodo

de la huerta de plata, las amargas

naranjas, la zarza retorcida, los almendros

que crecen en los límites

me hablan en baja voz, conciertan

su música. Me indican

su crecimiento al alba, su insistente

latido de savia paralelo

al latido consciente de mi sangre…

(De Cantar en el ansia)

EMERGERÉ
NO INDEMNE DEL DOLOR

Todos se fueron lejos, entre muertes

o músicas dispersas, a sus hondos

destinos.

Sus sombras me dejaron

al corazón atadas, como rama aterida

en el invierno solo del presente.

Hicieron mucho ruido con sus alas

en el aire ahora quieto, ayer de fiesta,

cuando el jardín tan húmedo cantaba

con la gloria del sol en los naranjos

y el cerezo del muro…

Días y días,

plenos de luz y alma, buscan hoy,

por el iris solar de la memoria,

con su buceo indicios de la vida.

Pero vida no hay y yo estoy solo,

emergiendo no indemne del dolor.

(De Cantar en el ansia)

DE SU SER PRETÉRITO

Recuérdalos también cuando a la tarde,

en la penumbra del jardín, te sientas

más solo que otras veces.

La piedad

de la memoria humana obra el prodigio

de rescatarlos con su luz corpórea

al centro de la vida y por ti vuelven

a la armonía de su ser pretérito.

Investidos de luz, en ti se hacen

dueños de nuevo, y sin dolor, del reino

de la tierra y del mar, y te confortan

en tus días de total desamparo.

Recuérdalos un día.

La memoria

es otra forma del amor humano.

(De Cantar en el ansia)

CORONACIÓN Y EXILIO

Si alguna vez fui príncipe

de la luz fue en tu reino…

Me coronaste con tu risa

en la tibia arboleda de tus brazos.

Hiciste para mí rosa la rosa,

pájaro el pájaro y cetro mi alegría.

Agotaste los ojos mirándome dormir.

Por esto acaso fueron tan hermosos mis sueños.

A manos llenas me trajiste el mar,

ya para siempre compañero mío.

Fue mi primer paisaje el color de tu falda

y tu voz la primera canción de mi existencia.

La huella de mi pie cupo en la tuya.

Tú eras la dicha y yo te perseguía

con mi pequeño corazón de niño

por las orillas de los mares.

Durante mi reinado

el son nunca se puso

y el mundo estuvo acorde.

… y un día te perdí sin saber cómo,

sin saber dónde, sin saber por qué.

Luego fui destronado.

Me golpeó el dolor con guantelete

de acero en pleno rostro.

Fui conducido al mundo, encadenado,

humillado y cegado, hambriento y mudo,

en la anónima noria de la vida.

No se me ahorró miseria ni desdicha.

Me encontré solo y escribí poemas.

Abdiqué de la luz.

Ahora soy viejo

y estoy perdido entre las sombras,

enredado en el tiempo y en la muerte,

como tú, madre mía…

(De Cantar en el ansia)

SARA NÓBREGA

Antes de despedirte para siempre,

me dejaste un libro y una estrella en la sangre.

Uno y otra venían de muy lejos,

llegaban de lo hondo

de una estirpe maldita.

Leí el destino. Era verdad

que estaba escrito. Comprobé

mis azares, por qué mi pie pequeño,

mi infatigable sensualidad,

mi fe monoteísta.

Extiendo la mano

para alcanzar los días aquellos

de tu infancia en Lisboa, en la trastienda

de un bazar, con espejos,

porcelanas azules, esmaltes y muñecas,

reposo de tus místicas saudades,

pequeña abuela hebrea.

En el espacio

breve de un llanto,

miraste un día el sol poniéndose sobre los viejos libros.

Dijiste adiós, quién sabe qué dijiste,

y otro día de otoño de principios de siglo

a las islas llegaste con un bolso, una maleta y un libro.

Primera fundación,

limpio el aire donde alzar los altares,

jerusalem sin mancha

de las viejas creencias que heredé, que he olvidado.

Oh nunca Sara Nóbrega.

(De Cantar en el ansia)

VAHO

Un ramaje desnudo. Una fuente de mármol.

una ciudad sin nadie en el invierno.

Guerea solitaria.

Me he perdido en la plaza,

donde dejó la lluvia ilusorios espejos.

Aguardaré a que el alba con ellos me evapore,

me arrastre con su vaho a lo puro invisible…

(De No es más que sombra)

EL AMOR TODAVÍA

(Por la luz de Guayonje)

Encenderíamos juntos

cigarrillos y sueños,

volutas con los labios

de amaneceres turbios,

ironías, volúmenes

de dos cuerpos con alas.

Y en la resaca

del mar de leva del ocaso,

confundiríamos

nuestras penumbras,

cuanto dijiste y dije,

cuanto amaste y amé,

olvido con olvido

y dolor con dolor,

en una misma hoguera.

(De No es más que sombra)

AULAGAS

Cierta brisa de mar, fresca, de acantilados,

sopla contra la roca, esparce por la arena,

ardida de espejismos y sirocos,

las hojas manuscritas.

Se van lejos,

vívidas ramas de mi árbol insomne,

a teñir las aulagas con mi sangre

antes de enmudecerse en la ceniza.

(De Viajero insomne)

DE LA SED

Montes más altos que el deseo

no hallaré, ni frutos

que me sacien.

Dónde el agua,

dónde su manantial para la sed

de lo otro sin nombre.

(De Viajero insomne)

CONOCIMIENTO DE LA LUZ

Por la arena impalpable cruzamos la mañana

hacia un fosco horizonte.

Las pisadas,

¿quién las ocupa cuando empieza la ausencia?

¿Se reconstruye el mundo tras nosotros

o queda sólo el vacío de un espacio usurpado?

¿Somos llamas sombrías, sombras fosforescentes?

Conocimiento de la luz, ¿se llega

a ti por la ceguera, y toda

nuestra ignorancia es ver?

(De Viajero insomne)

ALTA NOCHE

Las ventanas cerradas

de mis noches insomnes,

heraldos de otro eclipse,

custodian a los vivos y a los muertos,

y los reflejos de la luz nocturna

brillan en el asfalto,

aunque el asfalto ignore a las estrellas

que nacen y que mueren allá lejos.

Guerea es un desierto en la alta noche

y un dios pasa invisible.

(De Óxidos)

ESCRITO PARA MÚSICA

[KINDERTOTENLIEDER. Gustav Mahler]

Nos quemaba su cuerpo

apretado en los brazos.

Pesó un mundo su cuerpo

de rígido muñeco.

La eternidad sentimos,

pero no su latido.

Al alba lo lloramos

por las calles con nieve

lejos de nuestro mar.

Cuanto fue resplandece,

mientras la hiedra cubre

nuestras estatuas.

(De Óxidos)

ESTACIONES

In memoriam
María Rodrigues

Llovizna, gloria leve

de la estación ventosa,

derrámate también sobre este mármol

y, en espirales grises,

haz florecer los nudos

de la madera sorda y quebradiza.

Perfuma lo que aún quede.

Demórate en su pelo desasido.

Vívida primavera,

cuando pases,

inúndala de luz como si nada

se hubiese consumado.

Y que en la noche eterna

este aliento sin sueño

entibie su silencio inmóvil constelado de soles.

(De Óxidos)

DEL LABERINTO

Para Lidia y Alberto Pizarro

Salgo de un laberinto

y me acojo a la luz.

Explotan los prodigios

de invisibles raíces.

Soles y cielos iluminan la tierra.

Casi nazco a la vida y nazco al mundo,

y al borde de mis párpados, por fin,

los días no amontonan sus escombros.

Y como una flor abierta entre las piedras

de un valle solitario

emerge en mi alegría la memoria.

Y vuelvo por la memoria al laberinto.

(De Óxidos)

CEREZO PÚRPURA

Para mi hermano Julio (1936-2005)

Si el viento sopla, si la campana suena,

yo sé cómo llamar a este momento.

Cuando el sol aparezca en el balcón,

me sentiré golpeado por millones de soles.

Ya las lágrimas saltan de hoja en hoja.

Yo permanezco mudo frente al cerezo púrpura.

(De Helor)

INSCRIPCIONES

Para L. F. H.,
Para M. P. N.

Que la piedra repose

herida de memorias de otros cielos.

Que recuerde ella sola.

(De Helor)

JÚBILO

(Venusberg)

Salgamos.

 Pronto amanecerá.

Estamos bajo el cielo constelado.

Te ilumina la luna.

Correremos entre gritos de júbilo,

con todo el corazón que aún nos quede,

llevando la guirnalda de los sueños.

Nos nutrirán las últimas estrellas.

Habitaremos un bosque sin dolor.

(De Helor)

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