Reproducimos a continuación algunos de los poemas que acompañaron las pinturas, esculturas e instalaciones de Stipo Pranyko en la exposición celebrada en TEA, y que fueron transcritos sobre los muros de la sala de exposiciones respetando la caligrafía de los autores.
FERNANDO GÓMEZ AGUILERA
COMO LA PIEDRA…
Como la piedra en un vacío:
donde ser.
Como la hormiga en su ir y venir:
un hilillo
en paz
de invierno,
descalzo, callado, arrastrando
a la grieta gotas de luz.



FRANCISCO LEÓN
DOS POEMAS
Carta para Stipo Praniko
Tal vez usted, señor Stipo Pranyko,
vino para entregarnos un mensaje
a nuestras islas. Pensad en los gorriones.
No construyáis la nada con falsas entelequias,
con el impertinente silogismo
del gurú posmoderno y sus rediles.
El arte racional es demasiado,
la nada misma es demasiado
como tema de estéticas sublimes.
Imitemos, mejor, cuando llegue la hora
al humilde gorrión de los desiertos
que vive del salario de la luz
solitario en la noche de los hombres.
Su indigente república la forman
espinas y despojos, las heridas reales,
y no ese simulacro rutilante
servido en los museos a la hora del whisky.
Por mucho que su reino sea el cielo
el monocromo blanco no es la nada
trascendental, ni el topos sartreano
del crítico sofoca sus escépticos horrores.
El mundo y sus fracasos son ya bastante absurdos.
El mensaje es el hecho, la pobre tela
surcada por un canto de gorrión
(ese pájaro nómada) perdido cuando vuelven
las sombras tornadizas de otra tarde.
Señor, no se habló…
Señor, no se habló en absoluto ni los sabios
dijeron nada de la desolación de la memoria.
Ni se hicieron preguntas: ¿El recuerdo es arroz,
la memoria un granero que se parece a un pan
redondo para pobres, o para monjes,
un pan de tela? No advertimos, señor,
que el signo del recuerdo era la herrumbre,
granos de mármol, plumas, souvenirs oubliés,
que inseminan de tiempo y de existencia
las telas de sus cuadros, la nada de sus blancos,
que el polvo del arroz apolillado, pútrido,
era la cifra ―como una harina rancia―
de su desesperada invocación, la cifra
hacia el abismo temporal, hacia el olvido.
Qué vergüenza la nuestra, señor Stipo.
No comprendimos la cuchara rota,
vuelta a atar con alambres, sino el lugar común,
el tópico, el cliché, y enseguida dijimos:
«Hijo del Póvera, el artista incorpora los detritus
hallados en la calle, poética de un arte
intrascendente, efímero». No vimos,
detrás del artilugio, el aura quieta de la madre
sentada en una mantel, frente a la fábrica,
(ese día llevaba un pañuelo cubriéndole el cabello,
y tal vez, de regalo de amor, un caramelo
en el bolsillo), al lado de su esposo, compartiendo
la sopa de un caldero con la sola cuchara
de un instante infinito. La obra dice: «No olvides»,
igual que la cuchara, que fue reconstruida
para vencer lo efímero, lo anónimo,
contra la muerte, contra el olvido.
MELCHOR LÓPEZ
UN COLLAR
DE HUESOS PARA
STIPO PRANYKO
Para David Delgado, Pedro García y Carlos Olalla
(Blasón) Tus armas, mudas, resuenan en tu escudo. El blasón muestra su vacío. La Nada es tu humilde linaje.
(La cuchara) Con tu cuchara danos de comer. Danos el pan del pobre, los restos de las bodas, la miga que alimenta.
(Minotauro) ¿Qué fiera atroz vivió en tu laberinto? Dinos, ahora, cómo saciaste su hambre, su afán devorador.
(Brisa de Tahíche) La brisa mueve los árboles y mueve también al mundo. Y a una jaula sin pájaro y al pintor en su estudio.
(Transubstanciación) Una sustancia en otra transformada. El cuerpo es pan. La cerilla ya es fuego, y el fuego es humo es nada.
(Yajce, hacia 1936) El niño talla, absorto, otra imagen. Su corazón se enardece cuando oye la voz de los gitanos.
(Cama de un resignado feliz) Sobre las sábanas, como un bajorrelieve, la huella de un cuerpo. Es la cama de un vivo que prepara su muerte.
LUIS MUÑOZ
ME DEJA ESTAR
Mejor no lo subrayo. El día pasa con su ligero azul sobre las lomas. Me deja estar en otros. Me atraviesa sin daño. Su voluta de sol sobre mi frente. Su penumbra escarchada al borde del camino.
GORETTI RAMÍREZ
CAMA DE UN RESIGNADO FELIZ
(INVERSIÓN)
Con el cráneo en el suelo sintiera
la sangre, los granos de arroz, la arena
por invertidas venas.
Aquí hundiera
mis huesos desde el aire hasta la tierra,
fueran las sábanas sudario blanco,
aquí muriera.
ANDRÉS SÁNCHEZ ROBAYNA
LA ARENA NEGRA…
La arena negra el cuarto blanco en las aristas de la roca (negra sombra de la piedra) el ruido blanco sobre sus fases brilla el mar junto a un rumor de dátiles pisados
VICENTE VALERO
ESTA SED
SÍ QUE ES NUESTRA
Hasta mirar significa aquí partirse en dos, desmoronarse. No puede ser nuestro este paisaje que se entrega, al sol, como un cadáver más. ¿Cómo ha llegado el fuego a tomar forma de nopal o de adelfa? Luego de haber reconocido el hontanar de nuestros antepasados, con su laurel lleno de insectos y sus cántaros rotos, tuvimos que buscar la manera de salir de aquí. Mediodía de agosto. Las sombras queman, se hunden cada vez más. Y el sol, este sol hipnótico, oracular, que crece entre nosotros, nos hace confundir el tiempo que nos queda con el olor de las raíces arrancadas. (Un perro ladra en el torrente seco desde entonces). Mediodía cerrado a cal y canto. Esta sed sí que es nuestra.