Régulo Hernández (Caracas, 1964) forma parte del Comité de Dirección de Piedra y Cielo. Ha publicado Once poemas (2001) y pertenece al Taller de Traducción de La Universidad de La Laguna. Recientemente ha aparecido su traducción (en colaboración Joséphine Cabello) de Puesto que él es este silencio del poeta francés Jacques Ancet.

Está ya colocada mi escalera para ver a los dioses
Libro de los Muertos

El que no siente en sí mismo unas fuerzas hurgando en los corazones
adormecidos por los cementerios del tiempo, el que no siente que él es la
escalera por la que bajan ángeles malditos o por la que suben las angustias de
los réprobos a comulgar con la paz del desierto celeste, ése, antes de
abandonar las entrañas maternas, comulgó como esclavo de la muerte.
Emil Cioran, Breviario de los vencidos.

«Nuestra vida es un viaje. De noche, en invierno, buscamos el camino…». Con esta cita de la banda sonora de una película de Guy Debord comienza el texto que el crítico Kevin Power dedicó a Stipo Pranyko en la primera gran retrospectiva que se hizo del artista de origen bosnio en nuestro país y en nuestras islas.

Nuestra vida es un viaje, sí, y en todo viaje de largo recorrido y aliento son precisos los puntos de anclaje, las escalas, los descansos reparadores para acceder al lugar remoto y deseado.

Nuestra madre tendió su escala de amor para que descendiéramos al mundo, se abrió al mundo para unirnos a él sin desprendernos de ella: escala de la sangre que nos unirá a su regazo, a su ardor. Desde el mundo la miramos y su mirada, cuerda invisible, cordón umbilical inmaculado, nos alimenta con su humilde cuchara.

El pintor también es una madre, es un padre que nos une al mundo. El cuadro permanece colgado en una pared, pero su creador, cercano, generoso, nos tiende un puente, una invitación a la utopía de la blancura, o al fragor del garabato: para que se produzca así la elevación.

Ícaro también sabe que caerá. «La caída de Ícaro» nos recuerda que no es triste el momento del descenso, sino infinitamente más gozosos, reconfortantes, sanadores, los fugaces momentos de gloria del vuelo, del ascenso hacia la luz.

El cuadro es un bolsillo: en el cuadro se integra la imprescindible vitualla del alma que lo contempla: unos granos de arroz, unas gasas, un sudario blanco. En él están los elementos esenciales del mundo, de su mundo. El cuadro te tiende una escalera con el fin de que accedas a su morada. El mundo arde, pero la escalera te salva para darte amparo en esa otra llama.

Construiste una escalera roja, que brota desde tu laberinto subterráneo, entre las rocas ígneas y se eleva hacia los cielos, truncada, pero de continuidad invisible. Como tu Motivo vertical, en el Kurpark,esa instalación de dieciséis bidones blancos, tu inconfundible blanco roto. Como en la Columna infinita de Brancusi, tu escalera roja, tu Motivo vertical, nos elevan teniendo como único guía el sonido de tu campana sagrada.

La escala es la memoria, la estela de tu tránsito.

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