Domingo López Torres, Lo imprevisto, con dibujos de Luis Ortiz Rosales, collages de Silvia Navarro y notas de Régulo Hernández, La Espera Ediciones, Barcelona / Tenerife, 2013 [laesperaediciones@gmail.com]
Corría el año 1937 cuando poco antes de que sus captores fascistas lo asesinaran arrojándolo en el interior de un saco a la bahía de Santa Cruz de Tenerife cuando sólo contaba con 26 años de edad, el poeta Domingo López Torres consiguió sacar de la prisión en la que se encontraba retenido por su filiación socialista, un pequeño cuaderno manuscrito compuesto por seis poemas y nueve dibujos de su amigo, y compañero en la misma prisión, el pintor Luis Ortiz Rosales. El manuscrito se titulaba Lo imprevisto.
Hubo de transcurrir la barbarie de la dictadura fascista de Francisco Franco y parte de nuestra incipiente democracia hasta que en 1981, es decir, cuarenta y cuatro años más tarde, aquel manojo de poemas y dibujos creados bajo la inminencia febril de la muerte viera por fin la luz en edición del Instituto de Estudios Canarios, hecho que sin duda sólo puede calificarse de milagro.
Algo similar sucedería con el primer libro de López Torres, Diario de un sol de verano, escrito en 1929 bajo las influencias de diversas estéticas epocales (ultraísmo, poesía pura, neopopulismo), aunque publicado por primera vez en 1987, también por el Instituto de Estudios Canarios. Ambos rescates se fraguan en el seno del grupo de intelectuales y escritores que, centrados en la recuperación de las obras de los vanguardistas de Canarias, más tarde se reúnen en torno a la revista Syntaxis. Gracias a la labor de estos intelectuales no sólo poseemos las primeras ediciones póstumas de los textos de López Torres, sino también los primeros estudios serios sobre el autor y las más cabales valoraciones sobre su obra.
Entre la edición de 1981 y la que ha visto la luz hace apenas un par de meses en La Espera Ediciones —que incluye, además de la reproducción de los dibujos de Ortiz Rosales, varios collages de Silvia Navarro y unas notas Régulo Hernández —median nada más y nada menos que treinta y dos años. Más de tres décadas a lo largo de las cuales uno de los primerísimos y más extraordinarios libros surrealistas de las letras españolas ha sido desatendido por las instituciones públicas culturales. Y no es, por cierto, el único título perteneciente a la época de las vanguardias que ha corrido una suerte similar.
No podía ser otro, así pues, el emblemático título que ha elegido la editorial La Espera para darse a conocer. En una reciente entrevista, los coordinadores de esta recién inaugurada editorial, Silvia Navarro y Régulo Hernández, han explicado que «Se hacía absolutamente imprescindible que este libro volviera a ver la luz. Esta reedición no es solo una necesidad de devolver a las manos del lector esta obra, sino que paralelamente queremos hacer una reivindicación de su persona, de su pensamiento, de su lucha.» Y añaden finalmente: «La obra [Lo imprevisto] es el triste punto y final del ardor poético e ideológico de este joven tinerfeño que vio en el ideario surrealista el faro para la acción. Lo imprevisto permaneció escondida más de cuarenta años hasta su edición en 1981; y fue una conversación sobre lo especial de esta obra y sobre su autor lo que ha provocado su reedición más de 30 años después, además de la creación de esta humilde editorial que decidimos nombrar La Espera.»
Debe tenerse en cuenta, no obstante, que en 1993 se publican las Obras Completas de Domingo López Torres en edición de C. B. Morris y Andrés Sánchez Robayna (Aula de Cultura, Santa Cruz de Tenerife) y que, en 2006, Lo imprevisto fue traducido al francés por Martine Joulia y Jean-Yves Bériou y publicado de nuevo con dibujos originales de Ortiz Rosales en Cahiers de l’umbo (número 7), según ha indicado recientemente el escritor Miguel Pérez Corrales en «Reedición de Lo imprevisto, de López Torres» (Véase el blog Surrealismo internacional, 16 de octubre de 2013).
Sin embargo, las mencionadas ediciones son hoy por hoy prácticamente inhallables en librerías o simplemente están agotadas, de modo que no está de más contar con la reciente edición llevada a cabo por La Espera. Merece la pena, decimos, porque no obstante la evidente humildad de la edición, se nos ofrece la posibilidad de recordar que, a pesar de su breve existencia, López Torres hubiera sido, tal y como indica Miguel Pérez Corrales en la reseña citada más arriba, «uno de los grandes nombres de la cultura canaria».